Vino moscatel, aguacates subtropicales, espetos de sardinas a la brasa… pequeña guía gastronómica de los sabores que son el alma de la Axarquía.
Entre el mar y la montaña, la Axarquía cultiva una cocina de sol, generosa y sin artificios. Aquí se come lo que crece a dos pasos — y todo crece. Estos son los sabores que no hay que perderse en una estancia por la Costa del Sol oriental.
El espeto, ritual de playa
Sardinas ensartadas en una caña de bambú, clavada en diagonal en la arena junto a un fuego de madera de barca vieja: ese es el espeto, una institución de los chiringuitos desde Torre del Mar hasta Rincón de la Victoria. Se come con los pies en la arena, al atardecer, sin cubiertos.
La huerta subtropical
El microclima del valle ha hecho de la comarca una huerta de Europa: mangos, aguacates, chirimoyas y frutas de la pasión maduran al pie de los pueblos. En los mercados de Vélez-Málaga se prueban en su punto, como en ningún otro sitio.
El moscatel, el oro dulce del valle
Las laderas escarpadas dan una uva moscatel secada al sol en cañizos de paja, las paseras. De ellas salen unas pasas reputadas y un vino dulce ambarino, el moscatel, que se sirve fresco como aperitivo con unas almendras tostadas.
Platos que hay que conocer
- El ajoblanco: una crema fría de almendra y ajo, antepasado andaluz del gazpacho.
- Las migas: sémola dorada a la sartén, servida con pimientos y uvas.
- El chivo: cabrito guisado, especialidad de los pueblos de montaña.
- El aceite de oliva virgen extra de la Sierra, sobre una simple rebanada de pan tostado.
Nos encanta crear para nuestras viajeras escapadas gastronómicas fuera de las rutas trilladas: una bodega familiar, un mercado de productores, una mesa donde se recibe como en casa. Solo tiene que decirnos qué le apetece.
Mylène & Jennifer




